Quiero citar parte de un artículo de Adrián Simioni, un gran periodista de La Voz del Interior. Este artículo tienen una muy clara explicación de cómo funcionan las retenciones verdaderamente. Ideal para los que no entienden nada de economía, como yo...
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El argumento más reiterado es que la bonanza del campo se debe a la devaluación, al tipo de cambio alto supuestamente sostenido por "el resto de los argentinos".
El tipo de cambio real para el campo no es de 3,15 pesos por dólar. Cuando un empresa fabril exporta 100 dólares en maquinarias, una vez que el comprador deposita los dólares en el Banco Central el industrial va al Central (por intermedio del banco con el que opera) y retira 315 pesos, más los reintegros que correspondan al producto en cuestión. Sus dólares sí cotizan a 3,15 pesos o más. Pero cuando el exportador de soja vende 100 dólares, la cosa es distinta. El Tesoro Nacional se queda con 40 dólares y sólo 60 siguen viaje al Central. Entonces, el exportador va y retira esos 60 dólares cotizados a 3,15. Son 189 pesos. En otras palabras, a cambio de los 100 dólares que vendió recibe 189 pesos. Su tipo de cambio real y efectivo, contante y sonante, no es de 3,15 pesos: es de 1,89 pesos. Es un dólar más barato que el de la convertibilidad, ya que con que sólo el dólar hubiera aumentado lo mismo que aumentaron las cosas -incluso considerando los datos mentirosos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Indec- el dólar de la convertibilidad valdría hoy 2,05 pesos.
Para que quede claro: la contribución principal del campo al resto de la sociedad, por medio de las retenciones, no está dada por los miles de millones de dólares que, de esa forma, embolsa el gobierno de los Kirchner. Eso sólo les sirve a ellos para tener en la palma de la mano a gobernadores, intendentes, empresarios y gremialistas que reciben subsidios. Son los que ayer aplaudieron a Cristina Fernández en la Rosada.
La contribución verdadera del campo es que los precios de los alimentos en Argentina son un cuarto o un tercio de los que rigen en el resto del mundo. No es un milagro que la carne, la leche, el pan o los aceites sean de los más baratos del planeta. Es un megasubsidio, muy útil porque se distribuye de manera homogénea en todo el país y puede beneficiar a cualquiera: el empresario que quiere poner un call center en Rosario, el industrial que quiere fabricar bulones en San Francisco, o la provincia de Jujuy, si quiere emplear a más maestros. Gracias a eso, todos ellos pueden pagar salarios baratos.
De manera que cuando el Gobierno se queda con la retención, el campo siente que, además de vender a precios promocionales los alimentos en el mercado interno, tiene que regalarle al Gobierno miles de millones de dólares en impuestos a las exportaciones.
El agro no es codicioso. Lo prueba el hecho de que, hasta que el Gobierno le erró llevando las retenciones a las nubes, el campo cedía ¡35 por ciento! de su facturación bruta (antes de descontar impuestos, insumos, costos operativos y amortización de inversiones) sin siquiera pedir permiso para toser. Eso, para la Presidenta, es codicia.
Recomiendo leer el artículo completo acá.
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El argumento más reiterado es que la bonanza del campo se debe a la devaluación, al tipo de cambio alto supuestamente sostenido por "el resto de los argentinos".
El tipo de cambio real para el campo no es de 3,15 pesos por dólar. Cuando un empresa fabril exporta 100 dólares en maquinarias, una vez que el comprador deposita los dólares en el Banco Central el industrial va al Central (por intermedio del banco con el que opera) y retira 315 pesos, más los reintegros que correspondan al producto en cuestión. Sus dólares sí cotizan a 3,15 pesos o más. Pero cuando el exportador de soja vende 100 dólares, la cosa es distinta. El Tesoro Nacional se queda con 40 dólares y sólo 60 siguen viaje al Central. Entonces, el exportador va y retira esos 60 dólares cotizados a 3,15. Son 189 pesos. En otras palabras, a cambio de los 100 dólares que vendió recibe 189 pesos. Su tipo de cambio real y efectivo, contante y sonante, no es de 3,15 pesos: es de 1,89 pesos. Es un dólar más barato que el de la convertibilidad, ya que con que sólo el dólar hubiera aumentado lo mismo que aumentaron las cosas -incluso considerando los datos mentirosos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Indec- el dólar de la convertibilidad valdría hoy 2,05 pesos.
Para que quede claro: la contribución principal del campo al resto de la sociedad, por medio de las retenciones, no está dada por los miles de millones de dólares que, de esa forma, embolsa el gobierno de los Kirchner. Eso sólo les sirve a ellos para tener en la palma de la mano a gobernadores, intendentes, empresarios y gremialistas que reciben subsidios. Son los que ayer aplaudieron a Cristina Fernández en la Rosada.
La contribución verdadera del campo es que los precios de los alimentos en Argentina son un cuarto o un tercio de los que rigen en el resto del mundo. No es un milagro que la carne, la leche, el pan o los aceites sean de los más baratos del planeta. Es un megasubsidio, muy útil porque se distribuye de manera homogénea en todo el país y puede beneficiar a cualquiera: el empresario que quiere poner un call center en Rosario, el industrial que quiere fabricar bulones en San Francisco, o la provincia de Jujuy, si quiere emplear a más maestros. Gracias a eso, todos ellos pueden pagar salarios baratos.
De manera que cuando el Gobierno se queda con la retención, el campo siente que, además de vender a precios promocionales los alimentos en el mercado interno, tiene que regalarle al Gobierno miles de millones de dólares en impuestos a las exportaciones.
El agro no es codicioso. Lo prueba el hecho de que, hasta que el Gobierno le erró llevando las retenciones a las nubes, el campo cedía ¡35 por ciento! de su facturación bruta (antes de descontar impuestos, insumos, costos operativos y amortización de inversiones) sin siquiera pedir permiso para toser. Eso, para la Presidenta, es codicia.
Recomiendo leer el artículo completo acá.






